La Odisea blanca

Sufrida victoria del Real Madrid frente al modesto Plzen

Nos encontramos con un Real Madrid que está pasando por un camino tormentoso, lleno de obstáculos, una Odisea la llamaría Homero. Una epopeya madrileña de la que apenas se redactan capítulos intermedios, pero que sin duda se asemeja al poema citado. La “batalla” frente al Viktoria Plzen fue uno de los obstáculos de un camino, que a la distancia parecía ponerse planito, pero que se encontraron con que tenía una que otra piedra.

Es que la metáfora tiene sentido, el equipo blanco es nuestro Ulises, que luego de lograr la hazaña de conquistar las murallas de las tres Champions consecutivas quería volver a casa. Al Ítaca, que aquí lo entenderemos como el bienestar futbolístico y al llegar a casa conquistar a su Penélope, que son los títulos.

Como en el inicio de la Odisea, no sabemos con certeza si nuestro héreo está vivo, se cree que el equipo que se paró frente a los checos en el Bernabéu era el tricampeón de Europa, no hay total certeza de esto. Lo que pasa es que los merengues parecen haber descendido a la casa de Hades, al mero infierno, cinco partidos sin saborear la victoria y finalizado el partido, a pesar del triunfo, no parece que el sufrimiento vaya a acabar pronto.

La historia de este capítulo empezó bien para nuestros protagonistas, gol de Benzema a centro de Lucas Vázquez, con un rival asequible pintaba bien para equipo de la capital. Sin embargo, este augurio era cuanto más, precipitado. El extremo rival Petrzela, en forma del monstruo Caribdis, causó una hemorragia en el costado derecho de los blancos, que pagaron con creces, ese mismo golpe que habían dado con la derecha. Lucas Vazquez, después de su asistencia, sufrió el resto del partido. Nadie de sus compañeros logró sanar las heridas que causaban cualquiera que pasará por donde defendió Lucas.

La segunda parte de este capítulo se desarrolló parecido a la primera, nuevamente un gol al diez del completo, para calmar las aguas. Pero los personajes ya navegaban por un mar que estaba apunto de caerle una tormenta. A todo esto, no pararon de cometer errores, uno tras otro, un recital de oportunidades falladas. Para luego ponerse a temblar cuando Hrosovsky descontó para el Plzen, con poco se agitó las aguas peligrosas de las sirenas, el Madrid temeroso cambió a lo largo del partido Isco, Bale y Benzema. Sufrió lo que no debió frente a unos monstruos que no debieron causar mayor problema.

La imagen final de este capítulo, de epopeya madrileña sin concluir, es la de un Julen Lopetegui que, ante el canto letal de las sirenas, en forma de silbidos, se aferra al mástil del barco del Real Madrid a punto de caer, cerca del deceso, como lo hizo Ulises en su momento.

 

Por: Juan José Rodríguez Ortega

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